El Avila salva a los caraqueños de la sed

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Conocido como Cerro Avila o Guararira Repano, el nombre indígena que, según expertos, significa “cerro de agua”, provee a los caraqueños de agua limpia y fresca para palear la contingencia

En momentos de extrema gravedad, el llamado “cerro de agua” hace honor a su nombre

La situación que en estos momentos se vive en Venezuela es caótica. Mientras escribimos estas líneas, tan solo el 12% del país recibe servicio eléctrico. La capital y los principales estados del país están sin luz ni agua desde hace 72 horas. La población se encuentra completamente desasistida sin que el gobierno difunda información acerca de lo que ocurre y menos ofrezca un cronograma para la restitución del servicio.

Aducen “ataques terroristas” como causa de la interrupción del servicio. La suspensión de actividades educativas y laborales en el país, ordenada por el propio gobierno, indica que la situación se prolongará.

La ciudad se mueve a pie en busca de agua

En semejantes circunstancias, la gente circula a pie pues los subterráneos y transporte colectivo en general se paralizan y ralentizan. Es común ver filas de personas provistas de bidones para llenarlos de agua y así poder abastecerse para el diario oficio doméstico, el aseo y la preparación de alimentos. El destino de esos caminantes es las faldas del cerro El Avila. El peso de la preciada carga, de regreso a los hogares, es inimaginable.

El Cerro de Agua aplaca la sed

Conocido como Cerro Avila o Guararira Repano, el nombre indígena que, según expertos, significa “cerro de agua”, provee a los caraqueños de agua limpia y fresca para palear la contingencia. Todo esto, a pesar de otra agresión a su ecosistema: el fuego, bien sea provocado o por combustión espontánea.

La destrucción de capa vegetal, otra cara del drama

La sequía que nos acecha por estos días de Cuaresma, se devora hectáreas de cerro lo cual se agrava por la escasez de agua para enfrentar la coyuntura. Amplias áreas de bosque fueron devoradas por el fuego en un parque natural donde nacen manantiales que abastecen de agua a Caracas, sumida en una severa escasez agudizada tras el apagón del 7 de marzo que paralizó el país una semana y el que hoy nos azota.

El parque, donde habita una gran variedad de especies, suele ser escenario de incendios forestales, especialmente en época de sequía. Lo que hoy aumenta la desgracia es la falta de agua para dominar el fuego. Las autoridades hablan de unas 50 hectáreas consumidas hasta el pasado 18 de marzo, lo cual se incrementó por cada día transcurrido a posteriori y sin servicio de agua. En los últimas horas, van 10 hectáreas más reportadas como calcinadas.

La nobleza de nuestro cerro

No obstante, nuestra montaña es tan noble que continua “bombeando” agua hacia sus faldas donde los caraqueños se agolpan intentando llenar sus bidones y botellones. Los múltiples apagones, cortes y racionamientos aplicados en diversas zonas de obligan a los ciudadanos a ingeniárselas para almacenar el agua que administrarán para tomar, cocinar, lavar la ropa y fregar los platos. La opción más barata la encuentran en los manantiales naturales que, dicho sea de paso, también se han visto disminuidos en su caudal por la falta de lluvia.

Los surtidores más visitados son los que están al pie del parque El Ávila, justo en el hombrillo de la avenida Boyacá, también conocida como La Cota Mil, una circunvalación que cruza Caracas de este a oeste y que discurre pegada a la falda del Avila. Y aunque el chorrito está raquítico, en esos puntos es donde se hace más colas –filas- para llenar los garrafones. La mayoría de los consultados en el sitio sostuvo que prefieren gastar tiempo en la cola que pagarle a los camiones que la recogen y que abusan con los precios. Es sólo otra de las calamidades sobrevenidas por causa de un sistema eléctrico que no recibe mantenimiento desde hace muchos años por causa de la desidia y la corrupción.

En plena sequía

En esta temporada de sequía, en cuya plenitud nos encontramos estos días, más hectáreas sucumben arrasadas por el fuego en la cara del Avila que da a Caracas. De acuerdo con las estimaciones de Jasenia Frontado, directora del Proyecto Ávila, del departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Metropolitana: “Ahora tenemos unos períodos de sequía intensos, que han hecho que los caudales de agua dentro del parque disminuyan y, al haber una baja y no limpiarse además los caudales, merma la disponibilidad de agua para atacar los incendios forestales, que suelen suceder en estas temporadas”.

Lo más “Común” de nuestra “Casa” es esta montaña que nos abraza a todos y que, aún asfixiada por la sequía y los incendios forestales, sigue apagando la sed de los caraqueños. Honra a su nombre de “Cerro de Agua” que le dieron los indígenas, agradecidos y admirados de la vida que mana de sus numerosas cataratas y que fluye por sus quebradas hasta la gran ciudad.

Macky Arenas | Aleteia