Razón y Pasión: Una reflexión personal para mis hermanos Sacerdotes

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Padre Andrés Bravo

Por el Padre Andrés Bravo

De jóvenes seminaristas, estudiamos filosofía y, luego, teología. Nuestros estudios, en un ambiente renovador provocado por el Vaticano II (1962-1965) y la Conferencia Episcopal Latinoamérica en Medellín (1968) y luego, como experiencia comprometida, en Puebla (1979) tuvimos la oportunidad de conocer con criterios abiertos y críticos los diferentes pensadores y las diversas corrientes filosóficas y teológicas. Eso, sin dudas, fue de una riqueza extraordinaria, porque nos formó nuestra personalidad integrando todas las dimensiones del ser humano.

A medida que pasaba el tiempo de nuestros estudios se formaban también mentalidades abiertas ante los desafíos de la historia que vivíamos, con errores y aciertos, pero con acompañamiento de formadores de diversas mentalidades. Valorando la tradición, no dejamos de disfrutar con los pensamientos contemporáneos, pensadores cristianos, humanistas, existencialistas, entre otras corrientes que impulsaban la historia. Ahí nos tocaba una grave responsabilidad, la de ir discerniendo y formando nuestra personalidad.

Quedaba en evidencia que este discernimiento debía ser orientado por la opción fundamental de nuestra existencia, para que ésta fuera auténtica. Sería muy extraño optar por movimientos filosóficos y teológicos contrarios a nuestra opción fundamental de seguimiento de Jesús. A partir de ahí se iría realizando nuestra existencia en la historia, al tiempo que iríamos también haciendo la historia con valores evangélicos de libertad, de verdad, de justicia, de paz, de amor. Construíamos nuestra personalidad en la medida que construíamos el mundo nuevo que soñábamos.

Por ejemplo, permítanme recordar un pensador cristiano, humanista y existencialista francés llamado Ignace Lepp (1909-1966). Particularmente, a mí me gusta, aunque no era el único. Si fuera el único, nuestro pensamiento y nuestro actuar en relación a él, sería cerrado aunque pareciera muy actual.

Este autor, filósofo y psicoanalista, sostiene que el ser humano es integral, es cerebro y corazón, razón y pasión. No sólo pasión, ni simple sentimentalismo. Pero, tampoco sólo racionalismo. Para decirlo con sus propias palabras, “…la razón debe ser apasionada y la pasión razonada”. Sobre todo cuando nos formamos para conducir comunidades humanas.

De allí, la grave responsabilidad de formarnos con criterios serios y abiertos, para que no nos perdamos en la búsqueda de dar respuestas lo más acertadas posible ante situaciones adversas.
Hoy vivimos uno de los tiempos más difíciles de nuestra historia y lo vivimos como Sacerdotes, ya que se nos exige un discernimiento lo más acertado posible. De eso depende conducir a toda una comunidad humana al abismo o a la tierra prometida, para decirlo con lenguaje teológico-salvífico. Porque, somos Pastores y nuestras ovejas nos siguen. Pueden ellas estar seguras de que, aunque caminen por cañadas oscuras, no deben temer porque el pastor las conduce hacia el lugar seguro.

@joseabh

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