«Mi meta es ser santo»: Nicolás Gil, futbolista profesional colombiano consagrado a María

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Nicolás Gil

Juerga, ropa y coches exclusivos, lujos, un mundo de placeres expuesto en redes sociales… es parte del estereotipo de algunos futbolistas profesionales fuera de la cancha, que también es ventilado en los medios de comunicación. El colombiano Nicolás Gil Uribe lo sabía, pero su vínculo con el fútbol era solo “como un hobby de diversión y esparcimiento” con sus amigos, cuenta a la periodista Ana Beatriz Becerra de la web Portaluz. Él soñaba con ser piloto de la fuerza aérea, pero no pasó las pruebas y entonces se fue entregando al deporte que apasiona a millones en el mundo. A los 16 años ya jugaba por un club de Rionegro (Antioquía), donde nació y a los 19 partió a Bogotá para probarse “en las inferiores” del club Santa Fe. “Le metí mucha moral, mucha entrega, mucho sacrificio por quedar en el equipo y así fue”, recuerda Nicolás.

Tentación, caída y liberación

Sus cualidades y perseverancia lo llevaron a debutar dos años después en el equipo titular. Para entonces, fuera de la cancha, algunas vivencias de aquel estereotipo del futbolista profesional lo habían atrapado, según explica: “Empecé a experimentar muchas cosas en el sentido que yo era muy mujeriego… era como se dice vulgarmente muy perro, pues no las trataba en serio, jugaba con los sentimientos de ellas, estaba hiriendo el corazón de ellas, pero a la vez hiriendo mi corazón”.

Si bien estaba logrando desarrollarse como futbolista profesional, en su alma Nicolás padecía el costo de la tensión entre los valores católicos que le habían transmitido sus padres y la permanente tentación por “experimentar las cosas del mundo”.

“No era de los que me emborrachaba -explica-, la verdad mi lucha más fuerte eran las mujeres básicamente. Llegó un momento en que comencé a experimentar el vacío, nada me llenaba, me sentía sucio y empecé a buscar de Dios”. Así fue como un día cualquiera, caminando por las calles de Bogotá, escuchó a una joven hablando por el celular de “Lazos de Amor Mariano”; él inmediatamente recordó a una tía que alguna vez le había contado de esta comunidad católica y se acercó a la joven. “Ella muy formal, muy caritativa, me dijo: ‘¿Qué necesitas?’ Yo le respondí: ‘Es que yo me quiero consagrar y no sé si aquí en la zona norte existe alguna comunidad donde empezar una consagración’. Y ella me contestó: ‘¡Sí claro, aquí si hay y hace poco comenzó una!, si quieres me das tu número y te paso todos los datos’”.

Como un sediento en el desierto, nada más recibir la información se dirigió al lugar. Tenía certeza que dar el paso de pedir auxilio a la Virgen, comprometiéndose con Ella mediante un camino de consagración, sería el remedio a todos sus males.

Con oración, mortificación y sacramentos se da la batalla

Este proceso, dice, empezó a transformar su vida y aunque las tentaciones continúen, ahora cuenta con el apoyo de una comunidad, la gracia sacramental y en particular de la Reina del Cielo, para dar batalla. “Hay luchas, van a haber tentaciones porque era mi debilidad, pero con oración, mortificación, con frecuentar los sacramentos, obviamente es la ayuda que Dios le da a uno”, reitera.

Y no ha sido fácil vivir a cara descubierta la fe, afrontando la presión en el ambiente del fútbol e incluso de algunos amigos: “Ellos se escandalizan con muchas cosas de la castidad, se escandalizan de llevar una vida en castidad, en pureza; ¡pero somos templos del Espíritu Santo! y tenemos que respetarnos a nosotros mismos, a las demás personas, en este caso a las mujeres… Hay que cuidar mucho el corazón y he aprendido mucho eso” afirma Nicolás.

Disciplina para el cuerpo y para el alma

Hoy, con 23 años reconoce que por momentos ha pensado en que quizá Dios le quiere sacerdote o incluso consagrado monje en la vida contemplativa. Pero en espera de que la llamada se vuelva más clara sabe cuán importante es ser tan disciplinado en lo espiritual como lo es en su vida profesional de futbolista: “Tenemos seis prácticas que es la Eucaristía, la intimidad con el Santísimo, el Santo Rosario, la Lectio Divina, que es la lectura meditada de la palabra de Dios, las oraciones del consagrado y las lecturas espirituales de un libro o de un santo. También estoy haciendo Santa Brígida, unas oraciones muy bonitas que el Señor le mostró a ella que el que las hiciera fiel durante un año seguidas las 15 oraciones iban a recibir gracias muy particulares. Estas son como las prácticas que he adquirido y de vez en cuando también hago las novenitas a un santo o a la Virgen”, comparte el joven deportista que a la fecha defiende la camiseta del Itagüí Leones Fútbol Club.

Los sueños y metas de Nicolás tienen hoy directa relación con Dios y no se amilana al afirmar que su anhelo es “ser santo y agradar al Señor”. Asimismo, comparte estas vivencias en la esperanza de ser útil a otros jóvenes. Recordarles dice, que “Dios siempre está tocando el corazón de todos y uno es el que no accede a ese amor, a esa misericordia infinita que el día a día nos brinda. En el placer de la carne, de la concupiscencia, en el placer desordenado de la lujuria, de la fornicación pues no vamos a encontrar la felicidad y la plenitud que uno como hombre busca. Como jóvenes los invito a que también vivan un retiro espiritual que sea en una comunidad católica donde puedan experimentar el amor de Dios”.

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